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sábado, 22 de junio de 2013

SAN MANUEL BUENO, MARTIR

Don Manuel Bueno es el cura de una aldea minúscula a orillas de un lago en la región de Sanabria. El sacerdote es un santo reconocido por todos sus feligreses, está cercano a los pobres y enfermos, ayuda a los trabajadores, es un ejemplo del amor de Dios, de entrega... Todo su tiempo es para su pueblo, su único miedo: la soledad. En su quehacer lo acompañan dos hermanos: Ángela Carbanillo, joven con una profunda religiosidad; y su hermano Lázaro, que regresa de América con ideas progresistas y alejado de la Iglesia, pero que se deja llevar por la atracción espiritual que ejerce el sacerdote sobre todo el que lo conoce. Lázaro es el primero en conocer el secreto de don Manuel: su falta de fe.

La tragedia de Unamuno está escrita en este cuento, en esta novelita corta. Unamuno fue durante toda su vida un buscador incansable de Dios y de la realidad. Siempre lo atormentó la pregunta por la supervivencia de la conciencia después de la muerte. Dudó y se cuestionó en todo momento y quién sabe si en esa duda encontró a Dios. Unamuno, como don Manuel, no cree, pero es capaz de pasar días y días yendo al Museo del Prado para contemplar al Cristo de Velázquez y escribirle su apasionante poema en el que se sigue cuestionando la resurrección.

En San Manuel, Unamuno nos enseña cómo la fe del sacerdote no está en su mente ni en su corazón, su fe está en sus obras, la construye a la vez que fortalece la fe del pueblo. Su misión es la felicidad de sus feligreses, misión a la que se une Lázaro y ante la que se derrumba Ángela cuando se entera de la verdad. Sin embargo, don Manuel será un testimonio para todos hasta el día de su muerte. Ángela, después de la muerte de ambos dirá que se murieron creyendo no creer. Sus obras hablaron de la fe que no tenían.

Dice el autor hablando de esta novela: Tengo la conciencia de haber puesto en ella todo mi sentimiento trágico de la vida cotidiana.

Unamuno, sin fe, es capaz de comprometerse en la vida y en la formación de un país que se viene abajo, denuncia una guerra injusta, como todas, que crearía las dos españas. Su pensamiento, sus dudas, siguen teniendo algo que decir hoy. A lo mejor, él también murió creyendo no creer.

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