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viernes, 12 de julio de 2013

HUASIPUNGO

Autor: Jorge de Icaza

 

Comentario: Los signos de vida y resurrección de los que estamos siendo testigos ahora en gran parte de América Latina, tienen un origen y una historia que es necesario recordar. Me refiero a los recientes cambios políticos y, tímidamente, sociales y económicos que, por primera vez están teniendo en cuenta a los indios de América Latina, sus culturas, lenguas, ideas...

El gran drama de los pueblos indígenas americanos no fue sólo la llegada de los españoles. Esos hombres que llegaron a superponer su ideología, que les cambiaron su forma de ver el mundo, la vida, las relaciones familiares, el trabajo... Las grandes matanzas de los españoles sólo se produjeron de manera esporádica a comienzos de la conquista, a los españoles no les interesaba matar indios porque eran fuerza de trabajo. La verdadera gran matanza fue acabar con unos modos de vida y de cultura determinados, eso los llevo a su aniquilamiento. Aun así, millones de indios sobrevivieron a la conquista. ¿Qué pasó después? El problema de la marginación y de la destrucción de la gran riqueza cultural americana se fue produciendo desde dentro. Los, entonces americanos, criollos no indígenas, fijaron sus ojos en Europa y América del Norte. La independencia de los estados americanos se llenó de ideas extranjeras, se quiso imitar, se identificó a la cultura con la civilización europea y a la barbarie con los indios, con lo propio americano. Aquí empezó una larga historia que ha seguido contraponiendo civilización y barbarie, unos valores con otros, unas culturas con otras que ni siquiera eran consideradas como tales. Muchos ideólogos de la independencia, jefes de gobierno de los nuevos países, fueron los que promovieron las grandes matanzas indígenas en toda América Latina, había que acabar con la barbarie. Es el caso de Argentina y Chile y en menor medida de otros países. En la zona andina y en el resto de América los indios fueron desplazados y esclavizados, torturados y despreciados hasta hacerlos invisibles, como en México, en Ecuador, Bolivia...

La novela, Huasipungo, del ecuatoriano Jorge Icaza, nos pone ante los ojos esta terrible realidad. La obra se publica en 1934 y lo que cuenta es la realidad contemporánea de la situación de un grupo de familias indígenas en el altiplano ecuatoriano, representadas por la figura de Andrés Chiliquinga y su familia. Los acontecimientos se van desarrollando mientras a medida que vas leyendo la novela te va embargando una terrible sensación de impotencia ante la injusticia, un rechazo terrible, un sinsentido y un no tener salida ante tanta falta de humanidad, ante una explotación que supera nuestras peores pesadillas y que no es otra cosa que el resultado de una sociedad injusta y salvaje representada en el latifundista Alfonso Pereira, pero también vista en el mayordomo, el empresario norteamericano, en el gobierno, la policía y en el cura del pueblo. Ellos son la verdadera barbarie que acaban con la vida de Andrés Chiliquinga y su grupo, no por medio del asesinato, sino que toda su vida es ya el aniquilamiento de la persona y de la cultura.

El desenlace de la obra es el abismo de la injusticia y el sinsentido, pero también es la primera luz de esperanza para que esta situación cambie.

Hoy, en medio del hambre, la explotación y la falta de recursos de millones de seres humanos, esta situación está empezando a cambiar. La voz de millones de indios está comenzando a escucharse, sus modos, lenguas, ritos, estilos de vida quieren tener un lugar en este mundo globalizado que parece no tener espacio para lo diferente. Ojalá ellos sean una lección, sus voces sean verdaderamente escuchadas y sus dirigentes no se dejen engañar por el brillo del poder y así no olviden, sino que recuerden y cambien la historia.

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