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domingo, 25 de septiembre de 2016

YO NO SOY MADAME BOVARY



La película china "Yo no soy Madame Bovary" gana el premio de la Concha de Oro a mejor película en el festival de cine de San Sebastián.
Que el título no engañe a los comprensibles admiradores de Flaubert. No es una nueva adaptación de su inmortal novela. Sí de lo asfixiante que puede ser la existencia en una China donde la burocracia es la reina, donde se prohibía tener más de un hijo, donde los pleitos por intentar que se te haga justicia se pueden alargar interminablemente. El director Xiaogang Feng lo cuenta con cierto atrevimiento (al parecer, la censura le está acosando), con algún momento de comedia, con intención de sátira. Y tiene cierta gracia la interpretación de su protagonista, Fan Bingbing, que ha recibido un aceptable premio a la mejor interpretación femenina.

La novela perfecta

Gustave Flaubert tardó cinco años en escribir Madame Bovary. Decidido a alcanzar la perfección artística de la poesía, escribía y rescribía obsesivamente. De ahí que en el texto nada falta y nada sobra: todo está en su lugar y la armonía es absoluta, y es efectivo hasta el extremo de que tiene la peculiaridad de que el texto fluye con más rapidez cuando Enma está emocionada, excitada o contenta, y se vuelve pesado cuando ella está aburrida o deprimida.


La soñadora Emma, una joven de provincias casada con Charles Bovary, quien la ama pero es incapaz de comprenderla y satisfacerla, buscará la realización de sus sueños en otros amores, pasionales, platónicos..., pero ninguno de ellos logrará calmar su desesperada ansiedad y sus románticas inquietudes. La publicación de Madame Bovary (1856) provocó el escándalo de la burguesía francesa, esclava de mil prejuicios, y el proceso judicial que siguió contribuyó a un éxito editorial sin precedentes. Flaubert veía así cómo su obra servía más para satisfacer el morbo que para deleitarse en el caudal narrativo que contenía. Hoy, Madame Bovary es considerada el auténtico pórtico de la modernidad literaria.

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